Ministerio Cristiano
EL SHADDAY

Jesús y la Mujer

Jesús y la mujer


Partiendo de los Evangelios,
¿qué características tienen las mujeres?


Trabajadora: Compara el Reino de Dios a una mujer que trabaja en la casa, que pone levadura en la masa y prepara el pan para la familia (cf. Lc 13, 20-21). Por tanto, nada más lejos de la mujer que el espíritu de comodidad, la pereza y la vida fácil y regalada. En el alma de toda mujer campea la capacidad de sacrificio y de servicio.

Cuidadosa, atenta y solícita, diligente: así como una mujer barre la casa, busca por todas partes para encontrar esa moneda perdida, así es Dios Padre con nosotros, hasta encontrarnos (cf. Lc 15, 8-10). Son características propias de la delicadeza femenina.

Afectiva y comunicativa: así como esa mujer se alegra al encontrar la moneda perdida y hace partícipe a sus vecinos de su gozo, así Dios Padre nos hace partícipes de su alegría, cuando recobra un hijo perdido (cf. Lc 15, 8-10). No olvidemos que la mujer necesita mucho más el afecto que las razones y las cosas materiales. A través de la afectividad podemos entrar en el mundo intelectivo de la mujer.

Esposa previsora: con el aceite de su amor y fe sale al encuentro del esposo. Así debemos nosotros ser con Dios (cf. Mt 25, 1-13). Toda mujer debe tener previsión de cuanto se necesita en casa.

Insistente: la mujer es presentada aquí como modelo de fe insistente, hasta conseguir lo que quiere (cf. Lc 18, 1-8). De esta característica son testigos los esposos, pues saben que sus esposas consiguen todo a base de insistencia.

Servicial y generosa: Marta y las buenas mujeres, que le seguían, sirven a Jesús con delicadeza y amor, poniendo sus bienes al servicio de Cristo (cf. Lc 10, 38-42; Lc 8, 1-3). Es propio de la mujer la generosidad; ella nunca mide su entrega; simplemente se da.

Feliz en el sacrificio: como la madre al dar a luz a su hijo (cf. Jn 16, 21). El sacrificio lo tienen incorporado en su vida; nacen con una cuota de aguante mayor que la del hombre.

Humilde y oculta: como esa viuda que pone en la colecta del templo lo que tenía para vivir (cf. Mc 12, 41-44; Lc 21, 1-4). ¡Cuántas cosas, cuántos detalles ocultos hace la mujer en la casa, y nadie los ve! Sólo Dios les recompensará.

De fina sensibilidad: derrama el mejor perfume a Cristo (cf. Jn 12, 1-8). La sensibilidad es una de las facetas femeninas. Sin las mujeres nuestro mundo sería cruel; le faltaría esa nota de finura. Ellas van derramando su mejor perfume en el hogar.

Fiel en los momentos difíciles: allí estaban las mujeres en el Calvario, cuando Jesús moría (cf. Jn 19, 25). ¿Dónde estaban los valientes hombres, los apóstoles decididos, los que habían sido curados? Allí estaban las mujeres, pues cuando una mujer ama de verdad, ama hasta el sacrificio.

¿Cómo las trató Jesús?

Habla con ellas con naturalidad, espontaneidad, sin afectación; pero siempre con sumo respeto, discreción, dignidad y sobriedad, evitando el comportamiento chabacano, atrevido, peligroso. Nadie pudo echarle en cara ninguna sombra de sospecha en este aspecto delicado.

Les permite que le sigan de cerca, que le sirvan con sus bienes (cf. Lc 8, 1-3). Esto era inaudito en ese tiempo. Rompe con los esquemas socioculturales de su tiempo. ¿Por qué iba Él a despreciar el servicio amoroso y solícito de las mujeres? Ahora uno entiende mejor cómo en las iglesias siempre la mujer es la más dispuesta para todos los servicios necesarios,. pues desde el tiempo de Jesús ellas estaban con las manos dispuestas a servir de corazón.

 

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